Tras la Caída, la tierra se fracturó y el mar invadió las antiguas llanuras.
De aquel colapso surgió el Lumen, un mineral brillante desconocido hasta entonces, y con él nació el Yermo: una extensión central de ceniza, grietas y polvo, rodeada por un cinturón fértil donde la vida aún resiste.
En el Siglo I DC, la actividad volcánica, las tormentas solares, las fisuras continentales y las mareas alteradas dieron forma a seis grandes islas, cada una marcada por su propio bioma: Hielo, Fuego, Sombra, Sol, Mar y Pantano.
Los antiguos ríos se convirtieron en fronteras, las montañas en barreras naturales y los mares en caminos de supervivencia.
Hoy, el mapa del Yermo muestra un mundo dividido entre ruina y persistencia, donde la tierra misma conserva la memoria de la Caída.